Mensaje de Semana Santa

                    

 

 Mensaje de Semana Santa  

 

 

Queridos Apoderados y Estudiantes:  

Con todo lo que estamos viviendo por estos días nos parece que Dios se ha mudado a otro lugar, que no nos escucha, que nos ha abandonado. Pero es en estos tiempos que nos aquejan diversas situaciones,  es donde Dios está más presto a escucharnos y nos invita no sólo a un reencuentro interior con él, sino también con nosotros mismos y con quienes nos rodean.

 

Nunca habíamos sentido tan profundo el cariño por nuestros seres queridos y amigos, no es que antes no lo sintiéramos, pero la realidad es que ahora se ve quebrado por la distancia, la fragilidad de la vida e incluso por la incomunicación y eso nos hace aferrarnos aún más a lo único que tenemos el tesoro humano  de quienes nos acompañan en estos momentos.

 

El Papa Francisco en la bendición nos dice “estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente”.

 

En estos tiempos nos parece vivir el atardecer de viernes santo, en que un hombre llamado Jesús que sufre en una cruz, se hace carne en cientos de enfermos de coronavirus que existen en el mundo,  para quienes contemplamos este suceso se nos oscurece el cielo, se nos enmudece la tarde y nos inunda en el corazón un sentimiento de dolor inexplicable que parece no acabará jamás. Lloramos, nos desesperamos, vemos con incertidumbre el futuro como aquella vez en la que murió Jesús.

 

En esta Cuaresma resuena tu llamada urgente: “conviértete”, «vuélvete a mí de todo corazón» (Jl 2,12). Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás...

 

Esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere es lo que nos recuerda con Jesucristo en la resurrección.

 

El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar. El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual.

 

Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado. 

 

Con éste mensaje de esperanza que nos entrega el Papa Francisco, vivamos éste tiempo creyendo firmemente que valdrá la pena el distanciamiento y que al reencontrarnos nos abrazaremos más fuerte, compartiremos la vida con más alegría y nos llenaremos de una energía especial de quienes han estado, están y estarán siempre en nuestras vidas porque éste tiempo no nos hace olvidar a nadie sino que nos permite acogerles a todos con un corazón lleno de amor.

 

Esperando que al terminar esto nos podamos volver a encontrar confiamos su vida a Dios para que les cuide y los bendiga como el más preciado tesoro que podemos depositar en sus manos.

Con afecto

 

Equipo Pastoral

Y

Comunidad Escolar Liceo Intercultural T.P. Guacolda

 

 

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20 Diciembre 2017
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30 Noviembre -0001